Los ENEMIGOS:
mono-grafía; personal e intransferible.
Pues no sé que contarte que no te hayan podido
decir ya sobre Los Enemigos, sobre todo si eres más o menos
de mi generación y te has pasao media vida, como yo, escuchando
historias de amigos mayores y llegando a la conclusión de que
en esta ful de vida has llegao diez años tarde a cualquier
cosa interesante que jamás haya ocurrido en Madrid.
Pero como no hay bien que por mal no venga, el tener diecisiete o
dieciocho años cuando escuché a Los Enemigos por primera
vez (La Cuenta Atrás, 1991) me ha permitido crecer a la sombra
de una banda de este calibre, cuya mala hostia, desgarro y honradez
han pasado de alguna manera a formar parte de mi universo personal.
Que yo me acuerde, la primera vez que fui a un concierto de Los Enemigos
fue en una movida bastante cutre que se montó en las pistas
de deportes de los colegios mayores de la Complutense. Para entonces
ya me había hecho, además de con La Cuenta
Atrás, con La Vida Mata (1989) y Un Tío Cabal (1988).
Recuerdo perfectamente muchas de las canciones que tocaron: algo funcionaba
extremadamente bien en ese directo.
Los discos eran una pasada. Unas letras mordaces, inteligentes, estremecedoras.
Pesimistas pero desde el ángulo bueno, desde ese que te hace
ser consciente de lo que se te escapa o de lo que no llega y aún
así sentir la suerte de ser capaz de, al menos, enterarte del
asunto. Miserias extremas, inventadas y cotidianas, personales, de
todos. Y esas guitarras.
Bastante revelador el asunto, vaya.
Luego tengo un montón de recuerdos difusos porque, aparte de
un conciertillo mínimo en una tarima en la Plaza del Dos de
Mayo -cuando ya lo del Ayuntamiento de Madrid empezó a rayar
en lo desesperante y a éstos les dio por tomar partido y ponerse
a tocar en la puta calle- dejé de saber ná de Los Enemigos
por un tiempo y me dediqué a mis labores y a juntarme con una
gente cada vez más rara. Hasta que un buen día apareció
Tras el último no va nadie y nos fuimos todos de cabeza al
Revólver. Jueves y Viernes. Todavía tengo uno de los
carteles del concierto: las figuras desdibujadas por el humo de los
entonces tres enemigos en blanco y negro encima de un escenario.
Sala Revólver 6 y 7 de Octubre de 1994. Un impresionante directo
que creaba adicción y nos introdujo en el sano pasatiempo de
las excursiones enemigas a ciudades cercanas.
Segovia caía casi siempre. En aquella ocasión cuando
los pesaos de los teloneros (Flying Rebollos creo que eran) -seguramente
primos carnales de los dueños de la sala- les dejaron tocar
después de dar la brasa durante una hora y media Los Enemigos
arrasaban bajo la curiosa perspectiva de verles tocar en una sala
canija.
El disco era más bien denso. Josele volvía a sorprender
con unas letras que se paseaban por la vida y la muerte con su particular
visión del rollo, plagadas de humor negro con una extrema sensibilidad
expresiva. También se editó Sursum Corda con unas semanas
de diferencia y durante un tiempo tuvimos cantidad de material para
digerir.
Se notaba un lapso importante entre los dos discos. Me gustaba especialmente
el desencanto irónico de Sursum Corda. Musicalmente consiguieron
un sonido enemigo pero muy diferente de lo que yo conocía.
Se parecía más al directo, más afilado, sin endulzar.
Sin embargo en mis círculos más inmediatos acabó
por reconocerse que Tras el último no va nadie era lo mejor
que habían hecho en su vida y de lo mejor que había
pasado por nuestras orejas en esos años.
En la primavera de 1995 salió al mercado el EP Por la sombra,
más cañero que los anteriores y anticipando el celebrado
giro al punk que supuso Gas (1996). Mis colegas y yo plasmamos el
voraz gusto por la carretera del grupo en forma de estadística:
solíamos decir que nueve de cada diez conciertos a los que
íbamos eran de los Enemigos.
Por si a alguien todavía se le erizan los pelos al acordarse
os hablaré de un conciertazo en un parque público del
madrileño barrio de Hortaleza. En plenas fiestas apareció
un cartel Enemigos-Mano Negra (en su versión Radio Bemba)
que nadie en sus cabales se hubiera querido perder. Al final resultó
que el grueso de capullos que componían el respetable estaban
esperando como locos a que saliera Manu Chao para poder mover las
rastas al compás.
Los que teníamos dos dedos de frente vimos, además,
uno de los mejores conciertos enemigos de los que yo me acuerde.
Mu bestia queridos; cosas del orgullo.
También aparecieron en el rollo ese de Ruido? en un contexto
musical bastante desconcertante. Dieron un conciertus interruptus
de cómo tres o cuatro canciones en la sala Caracol junto a
grupos de noisequé, representativos del panorama actual, se
supone.
Me habría gustao saber que pensaban unos y otros mientras subían
y bajaban del escenario. Fue muy curioso.
Corría 1996, o sea que ya habíamos importado el formato
festival o cómo perderse diez conciertos en seis horas cuando
Los Enemigos se encaramaron, por derecho, en el cartel del primer
Festimad. De lo único que me acuerdo de ese concierto es de
era la primera vez que les veía tocar de día. Cosas
que pasan.Desde la familiar presentación de Nada el 9 de Febrero
de 1999 en la madrileña y recogidica sala Moby Dick Los Enemigos
dejaron bien claro que no habían perdido un ápice de
la energía y el dinamismo de Gas aunque esta vez apuntaran
unas maneras algo más intimistas. En las letras me recordaban
más a los Enemigos de antes, cosa que agradecí porque
me vuelve loca el agridulce. Na de Na se convirtió en una favorita
desde entonces.
Como si el conciertazo de la Riviera el 12 de Marzo de 1999 nos hubiera
sabido a poco repetimos en la segoviana Escuela por eso de las salas
pequeñas, que tiene su punto. Ya se estaba gestando el Fulmontis
y nos presentaron el Acojonao con el mítico bailecito incluído
y un Josele algo chuza aceptando los cubatas de las primeras filas.
Debió ser poco después, aunque os juro que ya no acierto
a ordenar las cosas en el tiempo, cuando se les vio tocando en la
madrileña Plaza de los Carros, junto a Canallas y unos acertados
Mama Ladilla en un festival Anti-alcalde. Fue muy poca cosa, quizás
porque algún cabrón les tiró una botella y tal,
pero
si tenéis la mala suerte de haber oído hablar de un
tal Manzano,
lo agradeceríais igual que lo hicimos nosotros. Le dedicaron
el John Wayne y Josele le mando directamente a picar túneles
en cualquier mina asturiana. Sí señor.La primavera,
que la sangre altera, llevó a Los Enemigos a una cosa de cantautores
pa las fiestas del Dos de Mayo. No me imaginaba yo por donde iba a
salir ese asunto pero resultó una historia elegante y muy chula
que condujeron Iñaki y Patacho de Glutamato y que remataron
los Enemigos en plan acústico revisando algunos de sus temas
clásicos.
Era una vorágine porque para la vuelta del verano ya teníamos
en las manos el Fulmontis y a Raimundo Amador subido al escenario.
Para la presentación de la película volvieron a dar
un concierto en la Riviera que pa que te cuento, con un sonido extraordinario.
Y a Josele hasta se le entendía.
La otra orilla, revisitada, es para mí lo mejor de ese disco
con mucho. A saber por qué se les ocurrió dejar fuera
Acojonao. Supongo que serían cosas del guión -además
de hacer más golosa, si cabe, la edición vinilo-, pero
fue una pena. La primera adaptación enemiga de la cancioncica
esa que sonaba por todos laos es una de las versiones que más
me gustan. Muy graciosa y muy amarga a la vez. Ahora me da pena que
no la hayan metido en el directo.
Pero bueno, sin adelantarme y para chulearme sin parar de haber tenido
la suerte de saborear tantas veces el directo enemigo os hablaré
un poco de otro de mis bolos favoritos: uno que dieron en la primavera
del 2000 en el Círculo de Bellas Artes.
No me acuerdo cual era la excusa pero había allí una
fiesta montada -creo que la tía que estaba en la puerta iba
vestida de Blancanieves!- y estos dieron un gran concierto rodeados
de pantallas gigantes que escupían imágenes en vídeo
que yo nunca antes había visto. Creo que las filmaron cuando
estuvieron tocando en México. El montaje me flipó bastante,
y musicalmente, habían empezado a recuperar temas que yo hacía
muchos años que no escuchaba. Se salía, por todos lados,
La Cuenta Atrás, con el trozo del Canon guitarreao con mucho
esmero.
Se ve que ya tenían en la cabeza lo del directo por que en
las veces que tocaron por ahí ese año la cosa iba en
plan precalentamiento. En los conciertos en algún que otro
pueblo surrealista por donde se pasearon en esos meses, por lo que
vi (Imaginarock-Sala Caracol, Madrid 27 de Junio del 2000) y por lo
que me han contao, se repetía el nuevo repertorio cargado de
canciones antiguas e inusuales en directo desde hacía ya tiempo.
Y bueno, ya dejo de dar la brasa porque lo demás seguro que
ya os lo habéis oído.
El 6 de Noviembre del 2000 grabaron parte del disco en La Rivera y
nos dejaron a todos impresionaos con la calidad del directo que habían
llegado a alcanzar. Para mucha gente, entre la que me incluyo, lo
de la máquina del tiempo era una emocionante verdad y ese sentimiento,
desde mi punto de vista, le dio un rollo muy mágico al asunto.
Algo que por lo visto se ha sabido plasmar en el disco, así
que pegad bien la oreja que estamos todos ahí.
Por destacar algo, volveré a insistir en La Cuenta Atrás
porque me resulta evidente que le han metido mucho mimo a ese tema
-además, claro está, del espeluznante Ouija y unos muy
lograos Balad, Balad, Caretas y Señora. También tengo
que reconocer que se me pegó el dedo en el repeat con (Tengo
que hacer) los deberes que parece blandita pero, joder...
En cuanto a las colaboraciones que cada cual piense lo que quiera.
Yo me quedo con la de Rosendo y Jorge el Ilegal que sí estuvieron
a la altura.Y nada... por ahora el concierto de presentación
de Obras Escocidas me sigue pitando en los oídos (qué
borricos, tú). En la sala Arena no habría cabido nadie
más por muy anoréxico que fuera. Si, aún con
la muy notable y sentida ausencia de Fino, cubierto aceptablemente
por Miguel de Los Marañones, este ha sido un buen anticipo
de a gira, os recomiendo a gritos que os asoméis por los próximos
bolos.
Se nota que hay ganas y que esta gente se lo pasa realmente bien encima
de un escenario. Energías parece que sobran y la ilusión
que llevan es contagiosa. Pero eso sí, si no os hacen la versión
de ACDC con Chema al micro y Josele a la batería (?), les pedís
que os devuelvan las pelas de la entrada.
Salud Enemigos, y así que pasen otros quince años.
Pinkpunk

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